"Estoy aburrido de mi vida"

Salimos a caminar, platicar, sacar fotos, a pasar un buen rato. 

Estábamos a unas calles cerca del redondel del Salvador del mundo, nos detuvimos frente a este edificio, en el que podíamos ver nuestro reflejo y mientras nos tomábamos una foto, para el recuerdo, pasó un niño (le calculo menos de 16 años). En ese momento, su reflejo salía junto al nuestro, mi amigo le dijo: “sonreí”, pero pasó de largo, a los segundos de vernos tiró unas cosas mientras se sentaba y gritó: “estoy aburrido de mi vida”. 

No supimos como reaccionar en ese momento, era de noche, yo andaba mi mochila y mi amigo su cámara. Los pensamientos de que podíamos estar en peligro y la confusión aparecieron. Solamente nos quedamos mirando, el uno al otro,  sin saber qué hacer (lo sentí larguísimo) y sin pensarlo mucho, decidimos alejarnos de ese lugar. 

No fue fácil solo dar la espalda y comenzar a caminar, no asimilábamos lo que acababa de pasar, lo veía en su rostro y sé que mi amigo también en el mío. De alguna manera intentamos justificarnos mientras nos alejábamos, pero  había una carga pesada en el corazón. 

¿Qué era lo correcto de hacer? Acabábamos de vivir un gran contraste. Dos realidades pasaron frente a nosotros,  -estoy aburrido de mi vida-  dijo, después de vernos sonriendo en ese reflejo. 

Nos sentamos a platicar unas cuadras lejos de ahí, sentía tipo “tripa chuca” en mis pensamientos y corazón medio enredado. Ambos nos preguntábamos: ¿qué podíamos hacer? Saqué mi cuaderno y leí lo que había escrito la semana anterior (mucho relacionado al libro Radical de David Platt) ¿Cómo es posible que podamos seguir con nuestras vidas tan normal haciéndonos ciegos ante una realidad tan dura?

Sé que somos jóvenes, que no tenemos posesiones propias, pero el debate seguía ahí, algo teníamos que hacer, sin saber qué decidimos regresar a buscarlo. Pasamos la calle adonde lo habíamos visto, pero no estaba, seguimos una más y lo vimos sentado a lo lejos en una esquina. 

Sin dudarlo fuimos. Tenía una botella de pega junto a él, antes de que llegáramos la agarró y gritó: -odio mi vida- y tiró esa botella a la calle. Él no nos había visto aún. Recuerdo que en mi mente pasaba: “No puedo creer lo que estoy viendo”. Nos acercamos y nos sentamos a la par. 

Al segundo de estar tratando de hablar, se tapó su rostro y rompió en llanto. Había tanto dolor, tanta desesperanza, no contestaba ni reaccionaba a nada de lo que le decíamos. ¡Les prometo que intentamos! no íbamos en son de religiosos o superhéroes. Deberíamos tener amor por las situaciones de los demás, platicar, apoyar; queríamos ir a comer algo y ver qué podíamos hacer. 

Pasaban los minutos y mi amigo comenzó a platicar con él, aunque no hubiera ni una tan sola respuesta, no se quitaba las manos de sus ojos, y el llanto no paraba. Le dio palabras de aliento, le dijo que hay fuerza dentro de él, que no se dejara vencer… y nada. 

Pasaron los minutos y dejamos de hablar por un momento, solo nos quedamos acompañándolo. Mi amigo le dijo que como no sabíamos ni su nombre, para nosotros el iba a ser “Alegría”. Sé que estaba escuchando, cada una de las palabras, en medio del llanto y dolor que claramente se manifestaba. No voy a mentirles, solo dije como dos palabras, nunca me había pasado antes; yo entré en un tipo “shock”, las palabras no me salían. 

En ese momento, sin dudarlo, mi amigo empezó a orar en voz alta hacia él. Yo no sé, de verdad, no hubo ni una sola palabra de parte de “Alegría” hacia nosotros, pero en ese momento sin descubrirse el rostro, se tiró al suelo boca abajo llorando mientras la oración continuaba.  

Mientras esto pasaba su respiración fue calmándose, lo que salió de mi fue agacharme y sobarle la cabeza; acaso no es eso lo que un niño debería de sentir, un amor tangible, de familia, de amigos. ¿Qué ha pasado en su vida para que ande cargando con tanto dolor? ¿Cuánto tiempo ha pasado sin una persona que le muestre amor? Pero aún así, no hubo ninguna reacción hacia nosotros. 

Insistimos en darle ánimos, que fuéramos a comer, que no íbamos a hacer ninguna pregunta si él no quería, solamente queríamos pasar tiempo con él; Pero nada… 

Era tan duro no tener ninguna reacción,  porque aunque quisiéramos no podíamos quedarnos toda la noche ahí. (Vivo en casa con mis padres y pedir permiso para eso, claramente no era una opción, con la cual un papá iba a estar tranquilo).

Decidimos continuar y nos despedimos, pero solo dando unos pasos, no podíamos.  ¿Cómo vamos a saber de él? Ni siquiera sabemos su nombre, ni adónde encontrarlo. Regresamos una vez más, él se sentó recostado en la pared, con las rodillas dobladas y repetí -Déjanos ayudarte- luego de esto empezó a golpearse contra la pared, lo único que pude decirle es -¡no, no hagas eso!- agarró unas cosas que andaba, las tiró con gran frustración, se levantó gritando -Los odio a todos- y corrió lejos… 

Quisiera que esta historia terminara diferente… pero en mi corazón, sé que su desenlace va a ser bueno. Sé que aunque no sea evidente ante nuestros ojos, algo pasó esa noche. 

Tengo fe. ¡Vos podes, Alegría!